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Cadaqués · Costa Brava

La Casa Blaua: la casa que un indiano se hizo con el dinero de Cuba

En el paseo marítimo de Cadaqués, entre el blanco general de las fachadas, hay una casa azul. Azul entera: cerámica vidriada celeste en frisos, balaustradas y en el marco de todos los huecos, con hierro forjado. Se llama Casa Serinyana, la construyeron entre 1910 y 1913 y todo el mundo en el pueblo la conoce como la Casa Blaua. Es el icono modernista de Cadaqués y, sobre todo, es el rastro visible de una historia que atravesó a media Cataluña costera: la de los que se fueron a Cuba a hacer fortuna y volvieron a demostrarlo.

El azul que no se le escapa a nadie

La Casa Serinyana es un edificio modernista con un predominio casi absoluto del azul celeste. La decoración cerámica vidriada de la fachada —frisos, balaustradas, el enmarcado de puertas y ventanas— combinada con elementos de hierro forjado, es lo que la hace inconfundible desde el otro lado de la bahía.

La proyectó el arquitecto Salvador Sellés i Baró, y se levantó entre 1910 y 1913, es decir en la última fase del Modernisme, cuando el estilo ya había salido de Barcelona y se estaba construyendo por toda la costa catalana con dinero de fuera.

Quién la mandó construir

El primer propietario fue Octavi Serinyana, descendiente de una familia de larga tradición marinera que hizo fortuna en Cuba. Los Serinyana eran una familia importante de Cadaqués y su patrimonio se había acumulado en América, motivo por el que el edificio se considera una casa indiana. Serinyana quiso darle a la casa una estética indiana, y el arquitecto la captó con precisión.

Eso es lo que significa aquí «indiano» o «americano»: alguien que emigró a las colonias —Cuba, sobre todo— y volvió con dinero. Las casas más bonitas del pueblo son las de antiguos habitantes que hicieron fortuna en Cuba y regresaron a Cadaqués para hacerse construir casas grandes.

Por qué hay tantas en esta costa

La historia de los americanos no es exclusiva de Cadaqués: recorre toda la costa catalana y también el norte de España. Un pueblo de mar exporta gente joven, esa gente hace fortuna al otro lado del Atlántico, y una parte vuelve. Lo que traen no es solo dinero: son gustos, materiales y una necesidad muy humana de que se note.

Por eso estas casas son siempre las más llamativas del pueblo, y por eso están casi siempre en primera línea. La Casa Blaua no está escondida en una calle de arriba: está en el paseo, mirando al mar por el que su dueño se fue y volvió. Cadaqués forma parte de la red de municipios indianos de Cataluña precisamente por este patrimonio.

Cómo verla

Es un edificio privado: se ve desde fuera, desde el paseo. No hace falta más — la gracia está entera en la fachada, y la mejor hora es a media tarde, cuando el sol le da de lleno y el azul de la cerámica se enciende.

Y si estás unos días en el pueblo, prueba a hacer el recorrido completo: la Casa Blaua, y luego mirar con otros ojos las demás casas grandes del paseo y de las calles de detrás. Una vez que sabes qué buscas —galerías, cerámica, hierro, tamaño desproporcionado para un pueblo de pescadores— empiezas a ver el mapa entero del dinero que volvió de América. Es una capa de Cadaqués que casi nadie mira y que está a la vista.

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