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Barcelona

Castellers: ocho colles en Barcelona y una forma de entender el barrio

Foto: Quim Perelló · CC BY-SA 2.0 · Wikimedia Commons

Ver un castell de cerca la primera vez descoloca. Doscientas personas apretadas formando una base, y encima seis, siete, ocho pisos de gente subiendo por los hombros de los de abajo, con un niño con casco coronando arriba del todo. Lo que no se ve desde fuera es lo más importante: eso no lo hace un equipo de acróbatas, lo hace un club de barrio donde la gente se apunta, entrena dos tardes por semana y se conoce por el nombre. En Barcelona hay ocho colles, y ver una diada es gratis.

Patrimonio de la humanidad desde 2010

La UNESCO incluyó los castells en su Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad el 16 de noviembre de 2010. No es una etiqueta decorativa: reconoce que lo relevante no es la torre, sino la práctica social que la sostiene — que haya gente organizada haciéndolo cada semana, de todas las edades y en el mismo sitio.

En 2025 las colles celebraron en el MNAC los quince años de esa declaración. En Barcelona el momento actual es bueno: las colles de la ciudad describen su estado de salud como inmejorable.

Las colles de Barcelona

Barcelona tiene hoy ocho colles castelleres de barrio (en 2010, con la Colla Jove, eran seis). Entre ellas: Castellers de Barcelona (1969), Castellers de Sants (1993), Castellers de la Vila de Gràcia (1997), Castellers del Poble Sec (1999), Castellers de la Sagrada Família (2002), Colla Jove de Barcelona (2010) y la Colla Castellera de l'Esquerra de l'Eixample (2018). Cada una es de su barrio, con su local y su camisa de color.

La de la Vila de Gràcia sirve de ejemplo de cómo nacen: se formó en 1996 a partir de un grupo de jóvenes del barrio, se dio a conocer en la diada de Santa Eulàlia de 1997 y se presentó oficialmente el 4 de mayo descargando sus primeros castells de seis pisos. Hoy levanta castells de ocho. La colla más antigua de la ciudad ha recuperado hace un par de años los castells de nueve.

Qué es una diada y cómo se mira

Una diada es una actuación, normalmente en una plaza, con dos o tres colles invitadas que van alternando castells. Son en la calle, gratuitas y suelen ir asociadas a las fiestas mayores de los barrios: Santa Eulàlia en febrero, la Mercè en septiembre, las fiestas de cada barrio a lo largo del año.

Lo que hay que mirar no es solo arriba. La pinya —la masa de gente de la base— es donde está la mitad del trabajo y donde puede participar cualquiera que se acerque y empuje. Y hay que estar atento al final: un castell no vale por subir, vale por bajar entero. «Descarregat» significa que bajó bien; «carregat», que se coronó pero cayó al bajar.

Se puede entrar

Esto es lo que casi nadie sabe: las colles están abiertas. Se puede ir a un ensayo, mirar y quedarse. No hace falta ser de aquí, ni hablar catalán, ni tener condición física — hacen falta personas para la pinya, que es donde empieza todo el mundo, y cuanta más gente haya abajo más seguro es todo.

Para quien pasa unos meses en Barcelona y quiere conocer gente de verdad y no solo a otros recién llegados, esta es la puerta más ancha que hay en la ciudad. Dos tardes por semana en un local de barrio, haciendo algo físico con cincuenta personas, hace más por integrarse que un año de aplicaciones.

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